Cardenal Sturla visitó Cerro Chato

 

Un pastor al encuentro de sus ovejas: en el día de ayer, el Cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, visitó la Fazenda de la Esperanza “¿Quo Vadis?”, donde encontró entre los recuperandos y sus familiares a varias personas de su arquidiócesis.

“¿Cómo te va, Daniel?” Con esa familiaridad y con una ancha sonrisa en su rostro, de esta forma saludó Julio al Cardenal Daniel Sturla, que llegaba a la Fazenda de la Esperanza “¿Quo Vadis?” en Cerro Chato, pequeña ciudad de Uruguay, donde se juntan los departamentos de Treinta y Tres, Florida y Durazno.
“Muy bien, Julio, ¿y vos?” El arzobispo de Montevideo reconoció al joven que lo había saludado. Lo había conocido durante una misión en uno de los barrios de la ciudad, y ahora lo encontraba en la Fazenda, haciendo su proceso de recuperación. Sus padres estaban también allí, en su primera visita después de que Julio se internara.
El Cardenal siguió descubriendo la presencia de otras de sus ovejas, es decir, de gente de Montevideo.
Es que tanto la casa de Cerro Chato, como la casa femenina inaugurada en Melo no fueron pensadas para albergar exclusivamente, ni siquiera prioritariamente a personas de la Diócesis de Melo que buscaran recuperarse de adicciones. Ambas casas están abiertas para el Uruguay y para la región.
De esta forma, la visita del Cardenal, que quería conocer esta propuesta más desde dentro, se transformó en un encuentro con algunas de sus propias ovejas.

Después de los saludos y conversaciones con los recuperandos y sus familiares y de atender a algunos periodistas, el arzobispo presidió la Eucaristía acompañado por Mons. Heriberto y varios sacerdotes de la Diócesis: el vicario pastoral, P. Luis Arturo y los Padres Reinaldo (Aceguá), Luis Fernando (Fraile Muerto) y Juan (Cerro Chato). Ese sábado se celebraba “el dulce nombre de María”, de modo que la homilía del Cardenal tuvo ese color mariano, ayudándonos a todos a sentirnos cuidados bajo el manto de la Madre. Algunos fieles de la comunidad de Cerro Chato se hicieron presentes, y también una pequeña delegación de la vecina parroquia de Santa Clara, con dos religiosas Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

Al final de la Misa, Miguel, el responsable de la casa, agradeció la visita del Cardenal y de todos los invitados e invitó a Sturla a entregar el diploma a Carlos, joven que terminó su año de recuperación en la Fazenda. Muy emocionado, Carlos recibió su diploma y, con el corazón en la mano, dio fe del camino recorrido y agradeció el don de Dios que la Fazenda había significado en su vida.

Y de la Misa, a la mesa, con un buen asado. Mons. Heriberto sacó su guitarra y en la larga sobremesa se creó un cálido clima de familia del que no fue fácil despegarnos a quienes debíamos volver a nuestras casas.

 

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